Última semana de clases. Luego de esto, lo único que queda son exámenes y presentaciones finales, terminando el octavo semestre de una vez y para siempre. Las últimas clases fueron un verdadero regocijo, empezando porque el imperdonable puente del 30 de abril tendría que reponerse, así que tuve que recuperar las clases que ‘perdería’, así que tocó doble derecho laboral, y un adelantado examen final por ahí del viernes.

El jueves llegó el último día de servicio social profesional. Todo pasó demasiado rápido. Por ser el último día mi carta de liberación estaría lista, así que no quedaba mucho por hacer. Esa carta debía recogerla con la secretaria, pero misteriosamente ese día la secretaria no estaba en su lugar de costumbre, por lo que incluso batallé para entrar a las oficinas porque es ella quien me abre la puerta (por no tener tarjetita mágica de identificación). Cuando logré entrar a la oficina ni siquiera estaba el jefe, el único que podría auxiliarme en esos momentos. Estuve un rato a la expectativa, cuando finalmente llegó el jefe y lo primero que hizo fue darme la cartita.

Ese día yo tenía una enorme cantidad de talacha, no en muchas cosas, pero sí mucho qué hacer. Tenía que haber ido a las siete de la madrugada a esa clase de recuperación de derecho laboral, para después ir rápidamente a recoger la carta, regresar rápido y tratar de hacer un examen en línea, y finalmente justo a la hora de la comida, presentar otro examen final de otra materia. Así que lo único que me quedó por hacer cuando recibí la carta de liberación fue dar las gracias, despedirme y salir corriendo, y ni siquiera pude despedirme del jefe.

Al parecer todo eso salió bien. Pude entregar la carta y estar a sólo un paso de liberarme de todo compromiso de servicio. En realidad terminó por completo también otro servicio, el servicio becario. Al estar en la última semana de clases y entrar en periodo de exámenes finales, automáticamente termina el servicio becario del semestre, y por tratarse del último semestre antes de ser graduando, termina por completo el servicio becario. Igual, fue tan repentino que no lo capté en el momento.

El viernes me quedé para presentar otro examen final por la tarde, así que ya libre del servicio, tuve tiempo para descansar unas horas más (entiéndase por quedarme dormido), y a propósito, ese plan de extender un día el puente, se descuadró más o menos por ese examen, así que me nivelé con el resto de los estudiantes. En el día recibí un mensaje de un compañero donde hacía el servicio, y era para decirme que el jefe quería organizarme algo por haber terminado el servicio. Como en informática habíamos quedado de ir a comer, no pude revisar ni contestar bien el mensaje porque ya debíamos irnos, pero la información básica la entendí. Sería la primera vez que me organizan un tipo de despedida en lo más parecido a trabajo que he tenido *snif*.

Cuando llegué a Los Mochis me encontré con la sorpresa de que un pedido que había encargado hace semanas al fin había llegado. Se trata del juego Jump Ultimate Stars, para NDS, y ese juego únicamente se distribuye en Japón, por lo que solo puede comprarse en tienditas de por allá.. o por Internet. Este juego representa algunas cosas: primero, está totalmente en japonés, y a juzgar por lo que he jugado, será todo un reto poder jugarlo totalmente bien aún con lo que sé de japonés, y con lo que logro entender. Segundo, puedo ver personajes de manga que posiblemente nunca lleguen al resto del mundo. Tercero, viene arte del juego que me inspira nuevamente a dibujar con estilos distintos. Cuarto, la capacidad de juego por WiFi me permitirá jugar en Internet, principalmente con japoneses nerdos con millones de posibilidades de ganarme.. pero eso no importa porque ya sé que tengo desventaja por falta de práctica.

El sábado por la noche pude reivindicarme por la falta que tuve al cumpleaños del sábado pasado, ya que volvió a haber carne asada. Pude felicitar al cumpleañero, y además cantar en karaoke, para demostrar un poco la práctica de coordinación y pronunciación que me dan las lyrics en japonés de todas esas extrañas canciones. El espectáculo duró hasta más o menos las dos de la mañana, y pude relajarme lo suficiente para estar fresco para lo que venía.

Eso que venía era tener que enviar los avances de dos proyectos finales, además de terminar asuntos pendientes con el bendito blackboard. Dediqué medio sábado y medio domingo a ello, pero finalmente pude liberarme de esos compromisos. Ahora lo único que queda es la presentación final de todo ese esfuerzo. Estos últimos días (miércoles, jueves, viernes y lunes) aún tienen por realizar esas actividades: presentar proyectos finales, un examen final, y acabar por absoluto con el servicio social. Ahora, me encuentro con otro dilema, y es el que ya que volveré a ir a gobierno (donde hacía el servicio profesional) no se si pedir seriamente trabajo, o si ilusionarme con el puesto libre en informática, que daba por negado, pero W me comenta que ‘chance y sí te quedas aquí’. Me queda menos tiempo y yo no veo claro.

Esta historia continuará.


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