Hay momentos en los que me pregunto ¿por qué rayos yo mismo me saco de la cómoda rutina en la que ya estaba tan bien acomodado? El haberme inscrito en la escuela de manejo representó sacrificar un rato de las tardes, y por lo tanto una hora antes (nervios porque ya va a llegar la hora, además de evitar poder quedarme dormido si es necesario) y una hora después (en lo que se me pasa el susto/efecto de adrenalina por los nuevos conocimientos). Por otro lado, yo mismo me rematé y me puse de pechito para enojos matutinos al seleccionar la clase de natación de 7 a.m. a 8 a.m. Elegí esa hora porque supuestamente no habrá muchas personas aprendiendo al mismo tiempo, así si me ocurriera algo que necesitara toda la atención del profesor, podría salir inmediatamente en mi rescate.

Lo primero que comenzó fueron las clases de manejo. Debo decir una vez más que no le tengo miedo a manejar un auto, sino más bien a lidiar con gente que se atravieza, carros que se meten y/o se dejan ir encima de cualquier entidad con o sin movimiento, golpear a otras entidades con o sin movimiento, y todo eso que no depende totalmente de lo que yo haga. La primera clase fue la única en la que todo dependería de mí, es decir, aprender lo básico teórico del tablero y eso, y el arranque; pero desde la segunda clase, como ya podía dominar el arranque y el freno sin muchos problemas, ya anduve entre carros y no me pasó nada. Aún así, mi miedo reaccionó más o menos hora y media después de que terminó la clase.

Entonces, lo que seguiría es la clase de natación. Yo como alguien que nunca jamás se había metido a una piscina con la intención de nadar en serio (es decir, no agarrarme de la orilla, flotar, andar ‘en lo hondo’, etcétera), no creí que entraría de lleno a la piscina a aprender ya dentro. Para mi buena o mala suerte (en serio, no lo sé) desde el principio me metieron a hacerlo todo ya desde dentro, y creí que eso pasaría porque siempre dicen que todos empiezan afuera pataleando y haciendo esas cosas ‘para entrar en confianza con el agua’, pero no fue así mi caso. La parte en la que todos comienzan ha de medir más o menos un metro y medio, y ya que todo fue estilo “a ver, métete, sin miedo” y bastante decidido, tuve que hacerlo sin detenerme a decir “¿y qué tal si..?”, así que entré y según recuerdo no hiperventilé, ni se me aceleró el corazón ni nada de eso que delata a los miedosos.

Por recomendación yo ya llevaba lo que necesitaría para no entrar en pánico, como los visores, tapones para oídos y lo que se pone en la cabeza para sujetar el cabello (así es, todavía no tengo idea de su nombre oficial) lo que me hizo sentir un poco más seguro a que si hubiera entrado y por ejemplo me hubiera entrado agua en los ojos, pues entonces sí me freno de una y pierdo noción de lo que me pase en varios segundos. Toda la primera clase siguió bastante bien, todos los ejercicios me salían más o menos rápido, hasta que apareció el primero que sí me hizo sentir que me hundía, y es el dejarse ir ‘de flechita’.

Para poder sacar ese movimiento deduje que tendría que ir haciendo movimientos similares de la manera en que me sintiera seguro, para gradualmente hacer ese movimiento natural. Lamentablemente los dos días de la semana que quedaba transcurrieron y aunque fui ganando más confianza con movimientos similares, no pude sentirme con la seguridad para hacerlo. Algo que noté fue que en ningún momento sentí nervios o que me fuera a pasar algo dentro del agua, pero a las horas de haber salido, terminado la clase y estar en suelo firme alejadísimo de cualquier fuente de agua, sentía nervios de regresar a nadar, aunque yo mismo supiera que no pasaba nada. Afortunadamente con los días eso fue disminuyendo hasta desaparecer y sentirme normal antes, durante y después de las clases.

Al finalizar la primera semana de la clase de manejo, sin que me diera cuenta el instructor ya me había llevado a carretera, y yo, aunque notaba que iba cada vez más rápido y sólo había un largo camino hacia adelante y atrás, sin calles atravezadas, sólo noté que ya había salido de la ciudad al ver un aviso en el camino (obvio que decía algo de carretera, pero ya no recuerdo qué decía). Es decir que llegué prácticamente a medio camino hacia Topolobampo/la playa y yo me sentía tranquilito y seguro, por lo que tal vez ya estoy un poco más apto para recorrer largas distancias, al menos gradualmente más y más separadas.

Pero después de todo, se tratan de clases y al final acabo cansado, sobre todo por levantarme tan temprano. Esto ha causado que dedique menos tiempo a los juegos que me llegaron, por el hecho de que me quedo dormido en el día (o al menos sin ganas de hacer nada) y ya no le dedico tanto tiempo a los juegos, pues me da más sueño. Además, estos días ha hecho tanto calor que uno acumula agotamiento extra con tan solo salir unos momentos a la calle. Bueno, supongo que tengo todavía suficiente tiempo para terminar estas clases y también poder terminar los juegos que me están resultando como películas en episodios, ah, y también hay varias películas que quiero ver. Tanto por hacer y tan poco tiempo.

El juego seguirá en el siguiente turno.


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