Terminando con Culiacán
March 24, 2008 Category: On the road, Shinka, Traumas No Comments »
Parece que esto no tiene para cuándo terminar, y los viajes continúan. Mañana nuevamente iré a Culiacán, esta vez para recoger todas las cosas que habÃa dejado en la casa de asistencia y con ello terminar ahora sà por completo el enlace fÃsico.
HabÃa dejado muchas cosas por aquella teorÃa de que supuestamente entrarÃa a trabajar en el Campus Sinaloa (ahora se sabe que siempre no) y por eso como medida de precaución guardé las cosas para evitar retrabajo de mudanza, y como ya pasó el tiempo y nada de nada, ahora sà todo se retacha a Los Mochis.
Es interesante que esas cosas hubieran servido en Culiacán, porque de concretarse lo de Monterrey tal vez podrÃa usar esas cosas, aunque serÃa muy poco práctico y hasta cansado cargar con todo eso hasta por allá, resultando más sencillo repetir la receta y construir una nueva base desde cero en Monterrey. Por cierto, en caso de que mi televisión (la que enfermó mortalmente) ya no quisiera o pudiera recuperarse, la televisión que tenÃa en Culiacán saldrá al quite y me apoyará con mi dosis diaria de programas de televisión, que justo en estos momentos está bajÃsima pues no la he visto en más de diez dÃas.
Ahora ¿qué tal si no se concreta nada con Monterrey? No pasa nada y todo seguirÃa como en el pasado, donde respiraba, dormÃa y soñaba tranquilo en Los Mochis sin ninguna base extra en otro lugar. Pero eso no significarÃa renunciar a la decisión que he tomado: me iré de Sinaloa tarde o temprano, aunque sea muy tarde, no es mi intención seguir aquà y será mejor que no se me olvide pase lo que pase. Si soy llamado nuevamente a Monterrey tendrÃa que regresar a Culiacán, pero serÃa ya solamente como puente de paso intermedio.
¿Este rompimiento será el principio del rompimiento definitivo con Sinaloa? ¿Será el principio del fin y el final que dará paso a un nuevo principio? Me emocionarÃa decir que sÃ, asà que como tanto las sorpresas buenas como las decepciones terribles están a la orden del dÃa, mejor me reservo mi derecho a sonreÃr como precaución ante decepciones.




