Road 12: Por un objetivo
March 28, 2008 Category: Resumen semanal No Comments »
-En el capÃtulo anterior-
Fui llamado inesperadamente desde Monterrey, y dado que el domingo a las 6 de la mañana debo salir rumbo a Chihuahua, tengo sólo tres dÃas para llegar a Monterrey, presentarme a la entrevista y regresar a tiempo. Aunque pude llegar perfectamente en avión y hasta tuve tiempo para pasear con Marco por el centro, el regreso tuvo que ser en autobús, lo que según mis cálculos es teóricamente posible, pero con pocas horas de colchón para error. La primera escala es en San Luis, y lo que sigue es salir de inmediato a Guadalajara.
-Ahora la continuación-
Llegué a San Luis a la mágica hora de las doce de la noche, especÃficamente media noche y como ya oficialmente eran vacaciones de semana santa habÃa muchÃsimo movimiento, al menos en la terminal justo como en Monterrey, lo cual no me dejó sentirme ni un poquito triste. ¿Por qué habrÃa de sentirme triste? Yo me comprendo sólo. Antes que comer o beber cualquier cosa corrà a la taquilla, de ETN primero, para ver la salida a Guadalajara. ¡Quedaba el último lugar! Lo compré de inmediato y saldrÃa a la una y media de la mañana, lo cual me daba más de una hora para caminar, descansar, comer o beber algo, o lo que yo quisiera hacer. Aproveché para llamar a casa y decir que hacÃa todo lo posible para llegar a tiempo y que ni se les ocurriera sacarme del programa del viaje. Lo único que quise comer fueron unas galletitas y comprar una botella de agua de sabor muy grande para que durara, después de todo, me iban a dar lunch en el autobús. Por unos momentos me dio la curiosidad de salir a pasear al centro pero eso era ridÃculo, no tenÃa tiempo para nada con sólo una hora para salir.
Al momento de subir al autobús muchas de las personas que veÃa pasar por toda la terminal resultaron ir en el mismo viaje. Como ya tenÃa mucha experiencia en la ruta SLP-GDA sabÃa lo que sucederÃa: guardarÃa el lunch para en la mañana, podrÃa dormir toda la noche con considerable nivel de comodidad, y despertarÃa como relojito justo a la llegada a Guadalajara. Y asà sucedió, sólo por precaución puse el celular en modo despertador porque el mismo conductor dijo que era una escala en Guadalajara y el destino final era Puerto Vallarta, y aunque poco posible que me dejaran irme dormido hasta allá, no descuidarÃa la mÃnima posibilidad de irme de paso.
-Dawn of the final day / 24 hours remaining-
Pero cuando llegamos a la terminal de autobuses no llegamos de inmediato a los andenes, sino que el autobús llegó a un taller de mantenimiento para hacerle no sé qué. Lo que necesitaba era apurarme lo más posible y eso nos retrasó quince minutos. Al terminar el mantenimiento pude bajar y correr a la terminal TAP que se encuentra a un lado de ETN para comprar el boleto a Los Mochis. HabÃa muchÃsima gente, como en las otras dos terminales, y hasta en la fila de la taquilla se tardaron para que llegara mi turno con sólo dos personas y yo sólo en la fila. Malas noticias: eran las seis y media de la mañana y ya todas las salidas de las próximas seis horas estaban llenas, tendrÃa que esperar hasta las doce y media para salir a Los Mochis. Entré en pánico por un momento pero habÃa hecho cálculos: tenÃa de margen de tiempo hasta las tres de la tarde de Guadalajara para salir y todavÃa llegar a tiempo a Los Mochis para ir a Chihuahua, de lo contrario me regresaba a San Luis y me iba a comer gorditas a Morales.
Entonces tenÃa que estar seis horas en Guadalajara a la fuerza, pero eso ya era suficiente tiempo como para hacer algo. Pensé en llamar a Toño, pero como era muy temprano y primer dÃa de vacaciones preferà no hacerlo para no incomodar. Pensé en la posibilidad de salir yo sólo a pasear como en los viejos tiempos, pero ya que tenÃa la maleta, seguÃa vestido semi-formal aunque ya todo arrugado, y no tenÃa ni idea de a qué lugar en especÃfico pedir ir, mejor no me arriesgué y me quedé en la sala de espera. De hecho ya comenzaba a pesarme el viaje, me costaba poner atención y la espalda ya me molestaba algo. Me comà el sandwich del lunch de ETN a manera de desayuno y después jugué un rato con el DS hasta que tuve sueño nuevamente y como muchas personas estaban dormidas esperando, yo también usé la maleta como almohada y me recosté a dormir. No sé cómo pero las seis horas pasaron y sobrevivà cuerdo para darme cuenta. Antes de subir al autobús compré un lunch básico de hamburguesa, papas y galletas para sobrevivir las siguientes catorce horas de viaje.
Siempre he dicho que las primeras dos horas de viaje desde Guadalajara hacia cualquier otro lado no cuentan, porque primero pasa una hora para llegar a otra terminal de la misma ciudad, y luego pasa otra hora para más o menos decir que ya se salió de la ciudad. Me preparé y comencé a reducir los signos vitales para poder resistir, tratando de estar despierto lo más posible ya sea viendo por la ventana o viendo las pelÃculas, y asà llegué hasta Tepic. De Tepic en adelante ya pude dormir nuevamente, pues sólo serÃa viable estar despierto desde Culiacán hasta llegar a Los Mochis.
-Night of the final day / 12 hours remaining-
Algo sucedió al llegar a Mazatlán, y es que justo como lo temÃa, pidieron a los pasajeros que bajáramos para limpiar el autobús y cargar combustible. Allà se perdieron prácticamente dos horas: unos cien minutos en entrar y salir de Mazatlán, y unos veinte minutos en esperar el mantenimiento del autobús. En ese lapso volvà a llamar a Los Mochis para avisar dónde me encontraba. Justo en ese rato estaban recogiendo a mi tÃa Antonieta y a Esmeralda del aeropuerto y las llevarÃan a la cena de bienvenida para ellas / despedida de Laura y Jorge quienes irónicamente se irÃan a vivir a Mazatlán. Es obvio que ya no me darÃa tiempo de llegar a la carne asada ni con toda el hambre que ya me cargaba para ese momento, pero ya no habÃa modo de salir del predicamento en el que estaba.
Cuando salimos de Mazatlán pude darme cuenta de que allà sà hay autobuses Primera Plus, los mismos que por alguna razón no pudieron llegar a Los Mochis… si hubieran llegado en esos momentos estarÃa viajando en Primera Plus y no en TAP. Nuevamente me auto sugestioné para quedarme dormido hasta llegar a Culiacán. Afortunadamente mi reloj interno y las luces de las casetas me despertaron cuando noté que pasamos por la susodicha autopista Benito Juárez, lo que indicarÃa que ya estaba en tierras culichis. Como noté que no se veÃa que entráramos a la ciudad consideré la posibilidad de que de hecho no entrara a Culiacán, pero al poco tiempo resultó que siempre sÃ, lo que seguramente me harÃa perder otros cuarenta minutos. Al momento de salir de Culiacán nuevamente volvà a llamar a Los Mochis para avisar la hora estimada de llegada: dos y media de la mañana… después de todo sà llegarÃa a tiempo.
Ya que el autobús no llegó ni a Guamúchil ni a Guasave, sorpresivamente llegué a las dos de la mañana a Los Mochis, algo fantabulosamente bueno porque tendrÃa más minutos para.. para.. bueno, para hacer lo que quisiera menos dormir. Claro que cuando llegué a la casa ya todos estaban dormidos, y los muy malvados ni siquiera me habÃan guardado ni una quesadillita. Lo primero que hice fue poner a cargar todos mis dispositivos electrónicos y luego tomé un baño. Como no era para nada recomendable que comiera nada, tomé un jugo y me comà una gelatina que encontré en el refrigerador, y aunque sabÃa que no podÃa ni debÃa dormirme, me recosté un rato para más o menos descansar un poco los músculos. Como habÃa puesto el despertador del celular, sonó a las cinco de la mañana cuando todos se levantaron. Saludé a mi tÃa Antonieta y a Esmeralda y nos preparamos para salir a la terminal de trenes. Después de un pequeño contratiempo con el taxi que no llegaba y con muchÃsima gente conglomerada en ese espacio tan pequeño, estábamos listos para salir a las barrancas del cobre.
-Dawn of a new day-
HacÃa muchÃsimo tiempo que no me subÃa a un tren, y dado que yo no estaba totalmente en mis cinco sentidos incluso sentà algo de miedo por la estructura, y por ese chirrido que hacen los vagones al chocar metal con metal. Irónicamente todos se durmieron menos yo, que me puse a ver el paisaje y a escuchar música. Cuando despertaron entonces sà sientieron hambre a eso de las siete y media que fue cuando abrió el vagón restaurante. No puedo decir que fue la comida más deliciosa del mundo ni mucho menos la más barata, pero estaba bien y más con el hambre que tenÃa pues no comÃa formalmente desde hacÃa dos dÃas. Estuvimos mucho rato en el vagón restaurante y luego pasamos al vagón bar para platicar más a gusto, y notamos que más de la mitad de los pasajeros eran extranjeros. Luego regresamos a nuestros asientos a seguir durmiendo.
En total fueron ocho horas de viaje en el tren, y cuando llegamos al hotel fue algo asà de “¡bajen! ¡rápido rápido rápido!” pero no por mala onda de los boleteros sino porque la parada fue tan rápida que prácticamente a los dos minutos que bajamos el tren siguió en movimiento. Cuando llegamos al hotel nos dieron unos minutos para arreglar las habitaciones, e inmediatamente fuimos al otro hotel que se encontraba a un minuto en camioneta, donde ya nos tenÃan servida comidita, pescado en salsa de mango, que sabe mejor de lo que suena la combinación. Por algo ese hotel es llamado mirador, y es porque efectivamente tiene una perfecta vista de lo que es la barranca del cobre. Terminando de comer fuimos a estar en contacto con esas barrancas, por un caminito que de no haber sido porque tenÃa el estómago lleno lo hubiera caminado mejor. En ese recorrido estoy seguro de que salvamos a Esmeralda de una caÃda segura por querer subirse a la “piedra voladero” pero que evitamos a toda costa que se subiera. Después fuimos a visitar la “cueva de los tarahumaras” que es según dicen donde viven realmente. Es como tal una cueva pero dentro hay casas de madera. Muy humildes y todo pero manejan dólares eh.
Por la noche ya se sentÃa un frÃo aterrador, y era necesario usar chamarra, guantes y bufanda para permanecer afuera, por eso mismo dentro siempre tienen una fogata encendida en el hotel. A las seis de la tarde tienen una hora feliz que es cuando hay música en vivo, dan palomitas de maÃz y todas las bebidas están al 2×1. En la hora feliz uno puede darse cuenta fácilmente que el 80% de los turistas son extranjeros, y por alguna razón a Esmeralda y a mà nos miraban algo raro, diciéndonos algo de que tenemos ojos rasgados. De Esmeralda no me extraña, por eso le dicen “chinita”, pero para mà eso es algo nuevo, que deveras no me habÃan comentado antes. En la cena parece que eso se repitió porque una pareja de extranjeros se sentó con nosotros y parece que les sorprendió en particular que yo hablara español, pero yo también tuve algo de culpa porque en ese rato les estaba diciendo a mi tÃa Antonieta y a Esmeralda frases en japonés. Llegó la hora de dormir y me quedé dormido INMEDIATAMENTE, comprensible porque no habÃa dormido bien en.. bueno, en muchÃsimas horas.
Al siguiente dÃa algo estaba muy raro: era como si estuviera lloviznando pero no lo parecÃa realmente. Esmeralda entonces dijo que se trataba de aguanieve. Era como granizo, pero tamaño gotitas de agua, y se derretÃa al contacto. Después del desayuno-buffet salimos en un paseo en camioneta (no en Hummer, snif) con destino final Creel. Primero pasamos a un lugar llamado “divisadero” que me hace creer que es el mismo lugar en el que estuve hace como doce años. Durante el viaje el aguanieve se convirtió en tormenta de aguanieve, y era chidÃsimo porque llegamos a un lago y podÃa verse cómo se iba formando una capa de hielo en la superficie. Otra parada fue en “el valle de las ranas” y “el valle de los hongos” donde también podÃa sentirse un ambiente genial por todo el hielito que volaba en el viento. Al final llegamos a Creel, que no sé si sea pueblo o ciudad pero está bien desarrollado y llegamos a tomar chocolate caliente y galletas que sabÃan a coricos… porque eran coricos con forma de galletas.
Regresamos para la hora de la comida y seguÃa haciendo muchÃsimo frÃo. Incluso con la fogata de la chimenea encendida uno podÃa ver su aliento al hablar. Fue en esa comida en donde vimos la mayor cantidad de mexicanos en el lugar: unas treinta personas que eran una sola familia y unos 20 eran niños ruidosos y maleducados que dejaron basura de pistaches por todo el comedor. Como estábamos cansados fuimos a ver televisión para esperar la hora feliz nuevamente. Para llegar al mirador esa tarde no habÃa camionetas disponibles, pero nos sugirieron ir por un camino que hay entre los dos hoteles, y eso junto con el paisaje y el aguanieve/nieve que estaba cayendo se veÃa fantástico. En esa hora feliz otra vez hubo la música en vivo, que por cierto el guÃa del paseo es el mismo cantante, y esta vez me tocó llamar la atención porque un mesero al que le regalé el periódico local de Los Mochis que habÃa llevado me puso un sombrero mexicano “porque me lo gané”, y estoy muy seguro que algunos extranjeros hasta fotografÃas me tomaron. A la salida era oficial que estaba nevando. HabÃa nieve por todos lados y se podÃa escuchar cómo crujÃa al pisarla, y sentir lo resbalosa que es cuando se comprime y se forma una pista.
Claro que por la mañana todo estaba totalmente cubierto de nieve. Los niños eran los que más estaban aprovechándola y Esmeralda hasta se veÃa más ilusionada que yo. Después del desayuno nos sugirieron ir caminando al mirador nuevamente por el camino de ayer, que esta vez estaba totalmente nevado. Como ninguno llevábamos guantes la nieve calaba muchÃsimo y con tan sólo unos segundos era insoportable seguir tocándola. Esmeralda tuvo su guerra de nieve y hasta ángeles de nieve hicimos, y como al llegar al hotel nos dijeron que no habÃa paseos disponibles, regresamos por el mismo camino y seguimos jugando con la nieve, donde comprobamos lo de si las bolas de nieve van creciendo mientras caen en una pendiente. También hicimos muñecos de nieve que se derritieron en unas horas pero que se veÃan muy bonitos.
Al mediodÃa regresamos a Los Mochis en el tren y esta vez fueron 10 horas de viaje. Esta ocasión sà tomé fotografÃas desde el espacio entre vagones y no me pude quedar dormido mucho tiempo asà que fueron de utilidad el DS y el MP3. Salimos a las 2:30 P.M. y llegamos a la media noche. En cuanto llegamos nos quedamos dormidos y ahora sà pude descansar muchas horas para reponerme totalmente. Nos levantamos muy tarde a desayunar y fue en ese momento en el que nos dimos cuenta de algo terrible: mi televisión no querÃa encender. Intentamos con el botón de encendido manual, con el control remoto, desconectando y reconectando y no pasaba nada, y yo recuerdo que cuando salà a Monterrey y la apagué por última vez seguÃa funcionando perfectamente bien. La vida puede ser muy cruel.
Resulta que Laura se fue hasta las dos de la tarde del miércoles, asà que sà pude despedirme de ella, y vaya que ella lloró mucho, es muy emocional y más cuando le tocan las cosas difÃciles a ella. En la tarde pasamos a Wal-Mart para comprar muchas cosas para los dÃas que seguÃan, sobre todo pepinos para muchas botanas. Comimos en McDonald’s y se nos ocurrió ir al cine. Como nos quedaba una hora para entrar a la pelÃcula Esmeralda y yo fuimos a Sam’s a pasar el rato, mientras mi tÃa Antonieta y mi mamá se quedaron tomando un café en el cine. ¡Lo primero que veo al entrar a Sam’s es Guitar Hero III para Wii! No lo pensé ni dos segundos y tomé el primero que estaba al alcance. La verdad no esperaba encontrar nada seriamente pero fue una sorpresa agradable, deveras. Después de la pelÃcula parece que todos menos yo estaban cansados, asà que aproveché para entrar a Internet después de como diez dÃas de abstinencia. La última vez que habÃa pasado tantos dÃas seguidos sin usar Internet fue el diciembre pasado.
La mañana siguiente ya todos nos despertamos más temprano, pero ni asà nos rindió más el dÃa. Después de un desayuno fallido y porque ya eran los dÃas santos mi tÃa quiso ir a la iglesia más cercana para rezar lo del vÃa crucis y las estaciones. Después de eso fuimos a Plaza Fiesta y nuevamente a Wal-Mart, donde por curiosidad busqué Smash Bros Brawl, mismo que no encontré y me volvió a deprimir… pero sà encontré Charlie y la Fábrica de Chocolate, y Esmeralda llevó otras pelÃculas. Esa tarde vimos la pelÃcula de la Fábrica de Chocolate y después como Ãgueda estaba de viaje en Durango fuimos a revisar a su perrita Perlita, que yo creo que le pusieron de nombre por la hija de don Cangrejo. Al siguiente dÃa al fin fue el técnico por la televisión, que espero no tarde mucho en reparar. Como no habÃa muchos planes para el dÃa pude volver a usar la computadora un rato, y después regresamos a Wal-Mart para ver lo de la comida del dÃa y comprar palomitas para la noche. De cena preparamos nachos, que fueron con tres tipos de queso: americano, manchego y parmesano, y fueron tan buenos que hasta les tomamos fotografÃas. Después vimos una de las pelÃculas de Esmeralda: V de venganza que me gustó mucho sobre todo por el estilo del héroe.
-Próximo avance-
El tiempo pasó muy rápido y ahora hay que decir adiós a las visitas. Debo esperar por si soy llamado nuevamente de Monterrey y eso me pone todavÃa más nervioso antes de tiempo. ¿Culiacán nuevamente? Parece que será ya la última vez. ¡Uno elige el camino a seguir!
Road 13: Adiós a Culiacán




