Road 52: El tiempo recorrido

January 13, 2009    Category: Resumen semanal    No Comments »

Hace frío, y hace frío todo el día, es la temporada que más me gusta del año. Antes me encantaban las tardes cuando llegaba de la escuela, ahora las tardes son cuando llego de la oficina y se puede sentir ese frío que espero que llegue todo el año, al atardecer y esperando llegar a cobijarme mientras veo televisión o juego algún videojuego. Pero estas últimas tardes fueron de películas que había comprado y que hasta ahora no había tenido la decisión de ver, además de que esta vez sí me conseguí papas fritas y refrescos para ver las películas.

El viernes llegó rápido, y para variar también habría pastel de cumpleaños. Esta vez pedí la comida para llevar porque los demás compañeros se fueron a quién sabe donde, y dado que era el último día de servicio de la cafetería, a todos les estaban dando un regalo, y siendo como soy sentí mucho sentimiento porque hasta ellos estaban con el espíritu navideño. El regalo era un plato de melón, de mucho, mucho melón, y es que normalmente para llevar solo dan la comida con el platillo principal, lata de refresco y barra de fruta de postre, y en la opción para comer en la cafetería la cantidad de fruta que dan es solamente un pequeño platito. El melón estaba delicioso y abundante, y mi corazón ablandado.

Por la tarde fue el pastel de cumpleaños, y todos teníamos prisa por salir así que incluso yo cooperé para que las cosas estuvieran listas y sin retraso. A la salida todos teníamos que dejar desconectados los equipos y fueron muchas despedidas de fin de año… bueno, así son las cosas. Al llegar a la casa yo todavía tenía que preparar el equipaje, terminar de pasar canciones y videos al iPod, preparar lo que quiero llevar en el morral, bañarme y conseguir taxi para llegar a tiempo; al menos no estaba lloviendo. Pero el problema de siempre sí regresó: al llamar al sitio de taxis del tec nadie contestaba, y peor, al llamar al sitio de más adelante tampoco contestaba nadie. Comencé a preocuparme, pero volví a intentarlo, y sí contestaron en el segundo sitio.

Llegué con hora y media de anticipación a la salida, y tuve la suerte de que los de ETN estaban preparando una especie de campaña de marketing, porque estaban tomando fotos y claro que para poner más feliz a la gente estaban regalando jugo, refrescos, galletas y dulces, de lo cual me tocó todo. Lo que no me gustó fue que llegada la hora de salida todavía no apareciera el autobús, por lo que me entraba la duda de si ya se me había pasado o si había habido algún cambio y yo no había preguntado, pero todo salió bien porque a la media hora ya estaba de salida, y que posiblemente el retraso había sido porque ya había llegado a la terminal grande, ya que esta vez no llegó a la terminal grande y salió directamente de la ciudad. Me tocó ver Spiderman 3 por enésima vez, además de Los Reyes de las Olas, que no había visto, pero me quedé dormido antes de terminar de verla.

El viaje se me hizo rapidísimo, y de no ser por la alarma del celular me habría quedado dormido, pero las buenas luces del autobús siempre logran despertarme. Creo que habré dormido unas cuatro horas y media, pero al menos no estaba con tanto sueño. Cuando bajé parece que mi mamá no había llegado, pero sí pude verla pasar cuando llegó y simplemente pasó de largo, así que pensé que tal vez no era ella, pero por si las dudas la llamé al celular y siempre sí era ella, sólo que no me había reconocido principalmente por mi gorra que me cubría el cabello. Antes de ir a casa de la abuela revisamos los horarios de salidas a Acámbaro, la cual no había y tendría que ser vía Querétaro o Celaya, pero no se podían comprar los boletos porque al parecer sí iría Luis y no tenía su credencial de estudiante para descuento.

Llegando a la casa pude desayunar y dormir un rato más, pero a las siete de la mañana estaba llegando mi tía Chela, y me enteré de que irían Luis y Brenda, lo que era mejor porque habría más gente conocida en la fiesta de quince años. El viaje fue relativamente cómodo, nos dieron lunch y pude ver Santa Cláusula 3, además de dormir un rato más. Llegamos a Querétaro y de allí pasamos a Celaya, una ruta extra considerando que pudimos haber salido diréctamente de Querétaro, pero el boleto ya estaba comprado. De Celaya a Acámbaro viajamos en un autobús totalmente regional, que fue cómodo porque pudimos abrir las ventanas y soportar el calor, que no hacía demasiado porque el viento estaba fresco. Al llegar a Acámbaro César pasó por nosotros, y a Luis y a mí nos tocó irnos en la cajuela de la camioneta, y para ser una ciudad pequeña había una larga fila de autos, lo que me cansó mucho de las piernas.

Al llegar al hotel todos moríamos de hambre, y solamente nos quedaban dos horas para prepararnos para la misa, y lo malo es que el restaurante del hotel estaba ocupado por una fiesta privada. Entonces salimos para comprar botana por mientras decidíamos qué hacer, y la idea era pedir pizza, pero la administradora de recepción abogó por que nos prepararían algo en el restaurante, entonces no teníamos muchas alternativas así que pedimos lo más rápido que pudieran preparar y lo comeríamos en la habitación. Para llegar a la iglesia pedimos un taxi, y según mis cálculos, la cantidad y rapidez de los taxis en una ciudad son directamente proporcionales al tamaño de la ciudad, y dado que Acámbaro es muy pequeño.. el taxi tardó mucho en llegar porque casi no había, pero sí pudimos llegar a tiempo a la iglesia.

No había demasiadas personas en la iglesia.. cuando llegamos, porque a la salida sí había mucha gente. Además la misa fue extra-rápida, en tan solo media hora comenzó y terminó, sin esos largos sermones que pierden a las personas, y fue lo suficientemente emotivo como para considerarse algo significativo para unos quince años. Al terminar pude saludar a César y Águeda y al pequeño César y Mariana, y todos dijeron que estaba muy cambiado, y los niños dijeron que ya se estaban olvidando de cómo era, sobre todo porque consideraron a Luis como mi reemplazo cuando yo me fui y él llegó, pero que de todos modos me extrañaban. Como ya era la salida había que darse prisa para llegar a la fiesta, y ya que César llevaba los carros llenos, se quedó que nos iríamos en taxi. Pero el taxi nunca pasó, aunque caminamos hacia varias calles. En el inter compramos unas galletas en una panadería, mientras llegábamos a la cena. Finalmente César se comunicó porque notó que nos estábamos tardando y quedó de pasar por nosotros, así que nuevamente Luis y yo tuvimos que irnos en la cajuela pero al menos llegamos a tiempo a la fiesta.

Demasiado a tiempo, porque todavía se tardaron otra media hora en comenzar, mientras llegaban más invitados. Estábamos en la misma mesa de Águeda y César, que eran los padrinos de la quinceañera, y después de la introducción de la quinceañera comenzaron a servir la cena. Toda la fiesta y el protocolo fue bastante original, porque todo se centró en bailes de la quinceañera y cuatro chambelanes, que bailaban música que creo era entre árabe y/o india. La cena estaba deliciosa y bastante llenadora, y después de los bailes y del discurso de agradecimiento de la quinceañera, y de los papás y demás familia de la misma, ya se trató únicamente de bailongo y relajo. Para cambiar algo, sí me atreví a salir a bailar cuando todos los demás lo hicieron y sobre todo para aprender a bailar el del payaso de rodeo, y sí que se divierte la gente.. al menos cuando les salen bien los pasitos. A la salida otra vez nos llevó César al hotel, y nuevamente nos tocó ir en la cajuela, pero al llegar pudimos dormir al fin después de un largo y pesado día.

El domingo fui el último en despertar, pero no batallé tanto para levantarme como hubiera pensado. Otra vez moríamos de hambre, y lo malo fue que llegamos a desayunar al restaurante, donde los chilaquiles picaban mucho más que los chicharrones en salsa verde, y el menudo estaba insípido y las enchiladas suizas también picaban demasiado, al menos las gorditas surtidas sí estaban muy buenas el pan dulce estaba rico. Saliendo pasamos a comprar nuestra dotación de cajeta de sabores, y yo pedí una caja de galletas que se veía deliciosa, y para el mediodía nos esperaban Águeda y César en la casa de su ahijada para de allí ir a la segunda fiesta. Estuvimos un rato, más que nada platicando sobre que ahora podemos ir a Acámbaro y salir de paseo y todo eso, y de ahí partimos al local de la fiesta. Como nos llevó César a Luis y a mí para llevar unas cosas, llegamos antes que todos, así que aprovechamos para salir a pasear al centro. Pudimos llegar bastante rápido caminando y conocer el lugar, que es pequeño pero muy muy pintorezco.

Al llegar de regreso ya había mucha gente y estaban comiendo, y como yo ya había hecho hambre sí me comí unos cuantos tacos de carne asada. De allí mismo salimos de regreso a la terminal, porque Águeda y César también se iban de regreso a Los Mochis y nosotros teníamos que estar en San Luis para la noche. El regreso fue igual de animado que la ida, pero ya no pude quedarme dormido por alguna razón. Llegamos como a las diez de la noche y el clima estaba agradable, ya nos estaba esperando mi tía Chela y no contábamos con que habría una fila o una especie de nudo para salir del estacionamiento de la terminal, donde estuvimos como veinte minutos. Al llegar a la casa yo ya estaba totalmente listo para dormir, totalmente, tanto que no tuve esa típica batalla de mínimo quince minutos para quedarme dormido, y al fin descansé libremente.

-Próximo avance-

Ocurre nuevamente… la organización para la cena de navidad, y yo trato de mantenerme ocupado, pero lo que estaba pensando que ocurriría… ¿Quería que las cosas sucedieran de un modo, pero algo causó el efecto exactamente opuesto? Lo sabía, la liberación de los sellos, maldad. De todos modos el tiempo está pasando más rápido de lo que pensaba, y lo sabía, tenía que ocurrir algo de lo que me arrepentiría, ¿pero, ocurrió algo benéfico de todo esto? ¡Uno elige el camino a seguir!

Road 53: La moneda del destino


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