STR - Tale 51
January 13, 2010 Category: Resumen semanal No Comments »
Otro año pasa, otro año llega. Realmente admito que ha habido años mejores, aunque este tuvo cosas muy buenas en su modo muy particular, le faltaron cosas para superar años pasados, pocas pero le faltaron. En el nuevo año tengo algunas nuevas esperanzas: suena bonito, se escribe bonito, y será el año del tigre, mi signo zodiacal chino. Destino, cuento contigo.
Tale 51: Brown the belt - Hacia el tigre
¿Hace cuanto tiempo que tengo este cinturón? Ése es el problema. No tengo más de un año con él, o uno a lo mucho. Las buenas noticias es que tengo que cambiarlo porque me queda grande, demasiado grande de hecho, y las malas noticias es que no me gusta cualquier cinturón, es como buscarme zapatos, no cualquiera me convence. Junto con el cinturón, también tengo tiempo teniendo que cambiar mi monedero y la cartera, porque literalmente están en tiempos extras, el monedero parchado con un remendo de hilitos y mi cartera ya no cierra porque se botó el cierre. Como según yo compré la cartera en plaza Soriana, fuimos allá para ver si tenía suerte encontrando de la misma, pero no, y más recordando que fue en una islita de accesorios.
Pensé que no sería muy buena idea salir, pues estaba haciendo frío y parecía que iba a llover, pero dado lo que ya he pasado en otros lados supongo que no importa incluso que se caiga el cielo, estoy en casa. Como no había en Soriana, pasamos a ver cómo estaba la plaza, tal vez allí sí habría algo, y sí, pero solamente un cinturón, y aunque seguimos buscando ya no encontramos más, así de todos modos llegamos a comer a Liverpool. Fue durante la comida que mi mamá me contó más de cómo le fue de viaje, y que realmente no tuvo mucho tiempo para hacer nada, así que si normalmente parece muy poco tiempo, esta vez le debe haber parecido microscópico.
Para el miércoles ya era tiempo de ir viendo las cosas para año nuevo, así que salimos con Águeda para comprar de una vez las cosas y luego no estar a las carreras. Ya que no estaban ni César ni los compadres, esta vez los niños andaban conmigo y fue bastante parecido a lo que pasó cuando fuimos a El Fuerte, sólo que, bueno, la tía Antonieta ya me había dicho que bajara la guardia y todo eso, de todos modos ahora estoy bastante relajado y sobre todo, no tuve esa rara sensación de que no tenía que estar en ese lugar, sino todo lo contrario, sentía que era justo donde tenía que estar. La verdad es que extrañaba estar en mi lugar, y sobre todo, sentir que estaba donde tenía que estar, no donde se suponía. El caso es que mientras yo estaba cuidando a César y Mariana, mi mamá y Águeda vieron lo de las compras, y también salió una invitación para ir al cine más tarde, la misma película que tenían pensado ver desde la semana pasada, así que como no tenía nada más que hacer sí acepté.
Después de que terminó Betty la Fea fuimos a seguir buscando la cartera y monedero, esta vez a Plaza Fiesta, pero tampoco hubo éxito, o bueno, a medias, porque en Coppel sí encontré una cartera aunque no de la que buscaba, pero igual cumplirá su función, aunque me recuerda a la que usaba cuando estaba en secundaria, un poco. Llegamos a comer a La Cabaña porque tenía antojo, pero no resultó tan buena idea, porque está demasiado caro, no sirven mucho y de pilón al principio los platos no estaban totalmente limpios. Aunque en ese intervalo mi mamá me siguió contando de su aventura potosina navideña. De regreso a la casa nada más me dio tiempo de estar un rato en Internet y luego ya pasaron por mí para ir al cine, aunque César no alcanzó a llegar y llevarían en su lugar a Ximena.
Otra vez la haría un poco de niñero, pero sólo un poco porque ya con sólo un niño más los otros dos se animan y sólo quieren estar jugando y así, y pude ver tranquilo Alvin y las ardillas 2, o eso pensé. Más o menos a media película comencé a sentir una molestia en el estómago, molestia que fue empeorando hasta antes de dormir, que se convirtió en dolor con temperatura y mucho malestar. Fue una de las peores noches del año, si no es que la peor, porque no podía dormir, por el frío y por el dolor, y luego por el asco y las posibles ganas de vomitar, aún así logré quedarme dormido en algún momento de la noche. El tiempo me pasaba muy lento, porque aunque sentía que trataba de dormir mucho rato, en realidad sólo pasaban treinta o sesenta minutos, hasta que al fin pude levantarme y tomar algo.
En este momento lo que más temía era que si estaba muy mal del estómago, aún tomando medicinas y reposando tal vez no me repondría a tiempo para volver con seguridad a Monterrey, mucho menos disfrutar la cena de año nuevo, pero como no podía hacer nada más que esperar, sólo le pedí a El Vaso que me recuperase a tiempo. Sorprendentemente para la cena ya casi no sentía malestares, eso sí, no pude comer demasiado pero al menos pude probar de todo. Cuando llegó el momento de las doce uvas, la verdad es que no tenía idea de qué más pedir salvo tres o cuatro cosas seguras que quisiera lograr en el nuevo año, pero contrario a años anteriores, después de pedir los nuevos doce deseos analicé qué ocurrió con los doce anteriores, y al parecer… cumplí más o menos la mitad, mientras que los otros seis tuvieron resultados variados, pues mientras algunos tuvieron un efecto parcial o neutro, otros resultaron en un efecto completamente opuesto al que esperaba, pero en fin. El resto de la noche fue de karaoke, no canté porque nunca pusieron canciones que yo me sabía o que mínimo supiera el tono, pero fue muy divertido tomar video y ver el espectáculo de las comadres cantando y bailando.
Desde que desperté el primero de enero, tuve que hacerlo comenzando a preparar otra vez la maleta para el regreso. No me gusta, aunque ya llevaba dos semanas, no quería irme, simplemente no quería. Igual que el veinticinco de diciembre, el primero de enero no es un día que rinda mucho, así que solamente estuve un rato en Internet, y el resto de la noche estuve dibujando, y comparando mis dibujos de años anteriores. Ahora que estamos en el dos mil diez y veo que tengo registros de dibujos de dos mil cinco y dos mil seis, me sorprende que parece que realmente he tenido un avance considerable en mis dibujos, pues ahora los de antes parecen menos proporcionados y sin mucho cuidado, y ahora logro plasmar mejor la estética a lo que me parece que es necesario. Mientras dibujaba, continuaba viendo la serie de Astroboy, que al parecer no lograré terminar de ver, pues todavía me faltan como veinte capítulos y mañana no creo lograr hacer nada más. Lo guardaré para la próxima vez que venga.
Por la mañana lo primero que escucho es mi mamá que me encarga el teléfono. Hoy llega mi tía Alba de visita, y yo me voy por la tarde, por lo que podré verla un rato. Pero lo primero es recibirla, así que cuando llamó mi mamá salió rápido para recogerla, mientras yo seguía preparando la maleta y preparándome yo psicológicamente. Cuando llegaron lo hicieron junto con Diony, así que todos fuimos a desayunar, al mismo desayuno que me han llevado cuando llego de vacaciones así que ya es casi una tradición. Pude comer un poco, y de ahí pasamos a dejar a Diony, de quien ya ahora sí me despedí porque ya me tocaba otra vez irme. En la casa platicamos un rato más y yo ya casi tenía lista la maleta cuando me dijeron que tenían dulces para darme, así que pude guardar algunos para llevar de regreso.
Al mediodía me llamó Laura, que estaba muy enferma de gripe y prefería despedirse por teléfono, que me deseó buen viaje y que pudiéramos vernos pronto, y de hecho por el tono que tenía parece que sí estaba un poco acongojada, pues incluso en los abrazos de año nuevo parecía que las comadres me abrazaban con un sentimiento, muy sentimental aunque suene redundante, y es algo que no logro explicar, como si fuera un aprecio que pocas veces logro percibir, y debe ser que de hecho yo también estoy apreciando mucho más a las comadres y compadres. Las despedidas estuvieron más intensas cuando llegaron Águeda y César, pues los niños eran los que hasta dijeron que no me fuera y así, que realmente me sacó de onda pues nunca había pasado, y con eso de que se van a cambiar a Culiacán, hasta a Águeda y César los percibí más sentimentales.
Cuando llegó el momento de irme, ahora era yo el que quería aferrarme a una pared o algo, y de verdad no quería moverme.. pero sabía que tenía que hacerlo, tan sólo esperando que pudiera regresar lo antes posible y que el tiempo me durara más. Hasta mi mamá y mi tía me notaron mucho más aferrado, curiosamente, por que yo mismo no me notaba tan aferrado, pero al parecer si lo demostraba, mucho más de lo que yo mismo pudiera verlo. De ahí en adelante lo que ya me tenía memorizado: tres horas a Culiacán, y llegar a tiempo al aeropuerto. Hasta eso, la película que pasaron en el autobús fue Quisiera ser millonario, que al fin la vi y sí me pareció bastante buena, y me hizo el rato más corto. Llegando a Culiacán tenía dos horas de colchón, así que aproveché para comprar una tarjeta de teléfono, mi revista Club Nintendo de enero y hasta me dio tiempo para comer de la comida china que me gustaba cuando estaba en la carrera, lamentablemente ya no me supo tan buena.
Cuando llegué al aeropuerto ya había fila para registrar el vuelo, así que me desdoblé del mundo y me hice pasar rápido el rato, jugando en el DS hasta el momento del despegue. El vuelo nocturno me pareció.. casi romántico, aunque debe haber sido que en este vuelo los asientos ya se reclinaban y el diseño era un poquitito distinto al de ida, eso sí, ya estaban pegando publicidad en las alacenas como todo buen camión lo hace. Llegando a Monterrey todo fue bastante rápido, mi maleta fue de las primeras y no hice fila ni esperé para el taxi, y llegué bastante rápido a la casa. Solamente quería dormir y que los meses pasaran rápido.
Tenía todo el domingo para descansar, para hacer lo que quisiera, y sí, lo que quería era estar en cama, y no sé, la nostalgia me hace variar mis prioridades, pues sólo quería estar con familia y así, o hacer justamente cosas que me quedan a gran distancia. Pero si lo que realmente quiero es que el tiempo pase rápido, tengo algo que exactamente hará que me distraiga de todo lo demás y mi vida pase volando: el trabajo fácilmente hará que me concentre en lo que tenga que hacer y en un abrir y cerrar de ojos tendré otra vez tiempo para ir a donde quiera, con quien quiera o lo que sea. Esta vez tengo algo que también consideraré: los doce deseos, que de hecho hace tiempo que considero todo el año, pero esta vez tengo un recordatorio, o más de uno, que constantemente me recordarán que es lo que tiene tanta importancia para mí.
Ya nos lo habían dicho justo antes de irnos: tenemos pendientes que no debemos olvidar, y no hay plazo que no se cumpla, ahora es el momento de terminar con estas obligaciones. El jefe no bromeaba cuando dijo que tendríamos que poner esfuerzo extra, y pues, en estos momentos mi única obligación es hacer justamente lo que debo hacer, pero no olvido qué es lo que quiero. Ah, pero el clima, me encanta pero esto es demasiado, de veras.
Tale 52: Black the computer - El deber en tiempo




